viernes, 15 de octubre de 2010

Clase 4

Clase 4

  • Se continúa en esta clase con la lectura de un cuento.
  • Los alumnos deberán crear un nuevo final, o una nueva historia.
  • Observar la creatividad en sus producciones y el compromiso puesto por cada uno o el grupo frente al desarrollo de la actividad.
  • Pasar a leer lo producido, permitiendo así, el desarrollo de la autonomía de poder expresar sus trabajos frente a los demás, e ir superando inhibiciones, temor o nerviosismo de hablar frente a otros y poder escuchar y escucharse.
-  Sentados en círculo leerles el cuento "Cuento para jugar a la Mancha" del escritor Oscar Salas, al que ellos conocen en personas pues tuvimos la suerte de que en una oportunidad nos visitara en la escuela, y nos deleitara con sus canciones, poesías y cuentos.


CUENTO PARA JUGAR A LA MANCHA.

        Esta es la historia de una mancha que un día se puso a jugar a la mancha con un quitamanchas.
        - ¡La tenés vos! - Exclamó ella corriendo por el patio.
        El la persiguió para devolvérsela y cuando la tocó, ¡Fsss!... ¡La borró!
        - ¡Qué terrible accidente! ¿Y ahora con quién voy a jugar? -se preguntó el quitamanchas.
        Después de pensar un rato, fue a verlo a su amigo el pintor, para que pintara la mancha de nuevo.
        -¿Y cómo era esa mancha? -preguntó don Colorete, mientras revolvía en su valija buscando un pincel.
        - Bajita, más bien gordita y... Mmm ... ¡Qué se yo, como una mancha! -trataba de describirla el quitamanchas.
        -¿Así? -preguntó el artista salpicando una tela con pintura azul.
        - No... No tan arrugada... Ni tan oscura...
        - Veamos. ¿Como ésta otra?
        - Tampoco... Sin tantas pecas en las mejillas.
        - Bien, cambiemos de técnica -propuso el pintor metiendo los dedos en un tarro de pintura verde y enchastrando una hoja de papel.
        - No, ninguna se le parece -dijo apenado el quitamanchas.
        Y don Colorete hizo todas las manchas que sabía y las que se le ocurrió inventar, Pintó con los bigotes y hasta con el dedo gordo del pié. Cuando se le acabaron las telas y los papeles, siguió en el techo y las paredes.
        Pero todo fue en vano; no dieron con la mancha que había borrado el quitamanchas jugando a la mancha.
        Muy triste salió el quitamanchas de la casa del pintor.
        Al llegar a la esquina se encontró con don Tizne, el deshollinador que limpiaba la cueva de un dragón, quien le ofreció su capa y su plumero, por si le servían las manchas de carbón.
        Como encontró la que buscaba, el quitamanchas caminó hasta la cueva del dragón, que tenía manchas de ceniza en las patas y en las gruesas escamas. Y se llevó otra decepción.
        Siguió caminando y se topó con un enorme edificio con un cartel que decía: "Fábrica de Manchas".
        El quitamanchas entró corriendo y el dueño, don Manchón, lo recibió.
        - ¡Ha venido al lugar indicado! - le dijo don Manchón- Aquí las hacemos de todo tipo, tamaño y color.
        ¿Cómo es la mancha que necesita?
        - Es como una mancha... -dijo el quitamanchas.
        - Ah, no, mi amigo. Las hay de muchas clases: Manchas de cebolla para llorar,de tinta para llevar a la escuela, de crema y chocolate para los cumpleaños y muchas más. ¿Qué modelo va a llevar?
        - ¿Modelo? - se asombró el quitamanchas.
        -Si señor -le explicó don Manchón- hay modelos muy antiguos, como las manchas de humedad que van en las paredes de los viejos castillos.
        Y también las hay último modelo, como las que se pegan en los trajes de los astronautas.
        ¿Usted para qué la quiere?
        -Para jugar a la mancha! -dijo el quitamanchas.
        -¡Ah!... -exclamó asombrado don Manchón, pues era la primera vez que le hacían un pedido semejante.
        -Lo lamento, no fabricamos esa clase de manchas.
        Pero dígame, ¿cómo se juega a la mancha?
        -Es muy fácil, vea: ¡La tiene usted! - dijo el quitamanchas tocando a don Manchón en la rodilla.
        - ¡Ahora devuélvamela, si puede!
        Entonces empezaron a correr por todo la oficina y armaron total zafarrancho que los empleados de la fábrica se asomaron para ver qué ocurría. Y como también ellos quisieron participar, toda la gente de la fábrica de manchas se puso a jugar a la mancha.
        El policía de la esquina, al escuchar tanto ruido, pensó que había ladrones. Y cuando entró corriendo, machete en mano, alguien lo tocó en la nariz, diciendo: ¡La tiene el policía!
        Los bomberos, que justo pasaban por ahí, creyeron que había un incendio. Pero cuando cruzaron la puerta con hachas y mangueras, el quitamanchas tocó a uno en el casco.
        -¡La tiene el bombero!
        Y todo el mundo se puso a jugar a la mancha.
        Los chicos, los grandes, los viejos, los perros, los gatos, los sapos y las comadrejas. Hasta los astronautas que viajaban en sus naves espaciales.
        Y mientras jugaban, se llevaban por delante los tarros de pintura, los huevos de las gallinas, el aceite de freir las empanadas y las pelelas de las abuelas. Y así todo se fue llenando de manchas que también se pusieron a jugar a la mancha.
        Y yo, que estaba escribiendo la historia de una mancha que un día se puso a  jugar a la mancha con un quitamanchas, tengo que terminarla acá. Porque recién vino el cartero y en vez de una carta, me pasó la mancha.
        Así que me voy corriendo a perseguir a alguien, porque todos en mi pueblo están jugando a la mancha.
Oscar Salas.
(Cuento extraído del libro Cuenta Destraba y Adivina del autor.)


  • Se preguntó si ellos sabían jugar a la mancha.
  • Salimos un rato al patio a jugar a la mancha.
  • De vuelta al aula, se les entregó una hoja donde el alumno debía crear un nuevo final, inventar un nuevo cuento relacionado con la mancha y el quitamanchas o contar dónde estaba la mancha mientras estuvo desaparecida.
- Alumnos trabajando en sus producciones.








  • Pasaron a leer sus producciones.






























1 comentario:

Adriana Videla dijo...

Chicos allí agregué los otros videos